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B4G 2020+II – Celebración o Desolación

9 de octubre , de 15:30 a 16:30


¿Hola? ¿Alguien puede oirme?
Dios, creo que no queda nadie…

Mi mirada se dirige al horizonte, cientos de cuerpos tendidos en el campo de batalla dejan entrever que aquí pasó algo terrible. Los cuervos y los buitres se arremolinan aquí y allá. Esto es un escenario dantesco.

Sí, realmente esto ha sido un infierno en la tierra.
Pero la pregunta que me comprime el cerebro y que pugna por salir de mi garganta es ¿hemos logrado vencer?

Aquí estamos, de nuevo. Ciertamente ha sido un enfrentamiento cruel y largo.
Han sido 3 días luchando con las fuerzas demoníacas. Los patos no venían solos, se traían una enorme cohorte de criaturas infernales a cuál más horrenda. Una y otra vez nos asediaban en la fortaleza de Arreat. El último bastión de lo que aun podíamos llamar humanidad. Cuando todo parecía que estaba perdido, apareció por fin Tyrael con su brillante espada cegadora arremetiendo contras los enemigos, derribándolos por decenas con cada mandoble… Las fuerzas se igualaban.

Sin embargo Ira tenía un plan muy inteligente, sabía que esto sucedería y utilizó la horrible presencia de Orgullo para corromper a Tyrael.
Se sentía solo en la lucha, enfrentándose a miles de monstruos, sin ayuda, sin NECESITAR AYUDA, poco a poco convenciéndose de que él solo podía vencer a todo lo que se pusiera al alcance de su espada. ¿Por qué debía hacerlo?¿Por qué mantener su juramento?…El orgullo, la ira y la desconfianza hicieron mella en su alma… del peor modo posible. Este era el plan de Ira desde el principio

Y de pronto la espada de luz se quebró, se rompió en mil pedazos. Tyrael y sus dudas dejaron de ser dignas de enarbolar la espada divina y nuestro héroe cayó de rodillas, a la vez que miles de monstruos se lanzaron sobre él intentado hacerle desaparecer.



Y entonces con toda la maldad de la que eran capaces, sabiendo que nada podría detenerles Envidia, Lujuria y Codicia asaltaron el último bastión. Los hombres caían por cientos, no podían esconderse de un ataque tan desgarrador e imparable. Muchos realizaban el último sacrifico al no ver una salida… Todo estaba perdido.

¿Tyrael?¿Tyrael, dónde estás? Soy Esperanza, – una voz infantil parecía destacar entre el clamor de la batalla – sé que llevas mucho tiempo luchando, te debemos tanto. Lo siento, yo fui quien te fallé. Perdóname por favor. Porque yo,… yo a ti sí te perdono. Eres nuestro ángel custodio y siempre has luchado por nosotros. ¿Dejarás que todo sea en vano?
. Tyrael, te necesitamos… por favor.

La voz cándida de la niña llegó hasta Tyrael y caló en lo más profundo de su corazón, quebrando la pared de piedra que le impedía sentir.

AAAAAAAAAAAAAH Con un rugido se soltó de los monstruos que le atenazaban y con lágrimas en su divino rostro, con las manos desnudas, desarmado siguió luchando, combatiendo, aplastando todo a su paso… así durante lo que parecieron horas y horas sin descanso. Los enemigos seguían siendo innumerables. Pero Tyrael volvía a tener su corazón henchido de amor y de esperanza… De pronto, tras lo que pareció una semana, se dio cuenta de que no estaba solo. Las almas de mil hombres y mujeres le seguían, sujetándole con fuerza, transimitiéndole todo su calor. Poco a poco, todos sus corazones al unísono consiguieron lo impensable y de pronto con un destello cegador, ¡una grandiosa espada de fuego, relampagueante apareció en las manos de Tyrael! Por un momento, él tomo aliento, miró hacia atrás y entonces salió a la carrera hacia los patos que le miraban desde lo alto de la colina, los cuales empezaron a temblar… ahora sí, de miedo…



No estamos seguros de cómo terminó todo, para saberlo, para vivirlo, Os emplazamos a todos a este evento de despedida para saber qué sucedió con los patos y si volvimos a ver a Tyrael.

¿Habrán sido derrotados por fin? ¿Ganamos la guerra para siempre?
Venid a saber cómo finalizó todo y mientras damos el último adiós a nuestro héroe y a nuestros odiados adversarios podremos hablar de nuestra propia batalla estos días.

Gracias por acompañarnos en esta aventura.


Quizá, y digo solo quizá, podamos realizar un entierro vikingo. Una despedida digna de unos adversarios que nos han hecho pasar unos días inolvidables.

Gracias Tyrael, gracias amigos.
Hasta siempre

Brunete, Madrid España + Google Map

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